lunes, 13 de mayo de 2019

CAUSAS DEL IMPERIALISMO.

CAUSAS IMPERIALISTAS
Económicas
Políticas
Ideológicas
Demográficas

L
os estados europeos necesitan conseguir materias primas para su producción industrial y nuevos mercados para vender sus productos. Las potencias imperialistas  tienden a obligar a sus colonias a comerciar en forma exclusiva con su metrópoli.

En el último tercio del siglo XIX el nacionalismo, que en sus inicios había estado ligado al liberalismo y el romanticismo se transformo en un movimiento conservador y significado componente del imperialismo.

Desde posiciones nacionalistas y chovinistas se desarrollaron teorías racistas que justificaban e impulsaban la expansión territorial, con o sin el consentimiento de los pueblos autóctonos.

En el periodo comprendido entre 1850 y 1900 la población europea pasó de 300 a 450 millones de almas.  Las penosas condiciones de la vida de la clase trabajadora en los países industrializados animó a muchos a buscar mejores perspectivas de vida en los territorios que iban ocupándose.

La búsqueda de nuevos territorios donde invertir el exceso de capitales acumulados. Estos encontraron una productiva salida en forma de créditos otorgados a las minorías indígenas colaboradoras con la metrópoli, pero fundamentalmente en la financiación de infraestructuras tales como ferrocarriles, puertos o grandes obras de ingeniería (canal de Suez, canal de Panamá, etc).

Los estados adoptaron una política de prestigio en un intento de atraerse a las masas populares y desarrollaron una acción diplomática dirigida por fuertes personalidades (Bismarck, Chamberlain, Jules Ferry, Leopoldo de Bélgica, Cecil Rhodes, etc.), quienes, apoyadas en gran medida por la prensa y otros medios, propugnaron desde una postura chovinista la formación y consolidación de extensos dominios coloniales. 

En sus formas más moderadas el racismo se disfrazó en ocasiones de un paternalismo que sostenía la necesidad del hombre blanco que era "rescatar del atraso" a las poblaciones autóctonas mediante la instrucción y la educación.

Este incremento demográfico también afectó a potencias asiáticas como Japón y continuó en ascenso hasta 1914. Parte de esa población fue absorbida por los territorios coloniales a través de una persistente inmigración que en ocasiones llegó a alterar de manera sustancial la composición étnica de extensas áreas.  

La exploración y conquista de zonas donde conseguir materias primas y energéticas abundantes y baratas. A las colonias se les asigno el papel de abastecer a las industrias metropolitanas.

Además, las potencias ambicionaban alcanzar la hegemonía colonial mediante el control comercial y militar de las rutas marítimas y terrestres, al tiempo que obstaculizaban por todos los medios de expansión de sus rivales. 

En esa labor destacó la actividad misionera de las iglesias cristianas anglicana, cristiana y protestante, que causó gran impacto en las poblaciones indígenas que poseían una mentalidad  totalmente ajena a la occidental. 

Los avances médicos, como el uso de la quinina, contribuyeron en gran medida estas migraciones, ya que permitieron combatir con éxito enfermedades endémicas como el cólera, tifus o el paludismo que hasta entonces habían hecho inhabitables para el hombre blanco extensos territorios.   

El control de espacios donde establecer mercados que asegurasen en régimen de  monopolio la colocación de los productos industriales.

El Imperialismo hizo posible que las tensiones internacionales en el Viejo Continente se desplazaran hacia las colonias. Además, con esta expansión también se buscaba ganar prestigio nacional e internacional derivado del triunfo de las ideas nacionalistas y del anhelo por contentar a las masas populares. 

En todas esas posiciones subyace una ideología de carácter etnocentrista que ensalzaba la cultura europea y occidental y descalificaban al resto, considerado Bárbaro, Salvaje y Primitivo.  

El exceso de población en Europa dio paso a una fuerte corriente migratoria hacia todos los puntos del planeta. Estados Unidos fue la tierra que más se benefició de la alta densidad demográfica en Europa, pero no la única. Los europeos cruzaron grandes extensiones de mar en busca de nuevas oportunidades en Sudamérica, Australia o Sudáfrica. Y es que las condiciones laborales en el continente europeo no eran las mejores. Fuera había todo un mundo de posibilidades.

La utilización de una mano de obra no cualificada pero barata y dócil (en ocasiones esclavos), que redujo los costes de extracción de las materias primas y contribuyo al éxito de la agricultura de plantación.

La carrera colonial por ver qué potencia se hacía con las mejores tierras no es sino un signo de la competitividad asociada al capitalismo. Demostrar quién es el más poderoso en el exterior da prestigio, el cual puede ser utilizado en Europa para ejercer presión sobre las potencias enemigas.

Los europeos se basaron en el Darwinismo social para justificar el dominio ejercido sobre las poblaciones asiáticas y africanas.  La idea de la selección natural, basada en la supervivencia de los más fuertes a costa de los más débiles, fue utilizada por los europeos para hacer creer a las poblaciones indígenas que su cultura era inferior a la europea. De hecho, muchos se creyeron con el deber moral de rescatar a las poblaciones autóctonas mediante la educación y la religión.

Con una industria floreciente y con la expansión económica que como hemos visto, respondían a distintos motivos, Europa sufrió una gran transformación es especial a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el aumento demográfico. 

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